Prácticas de las parejas felices para resolver desacuerdos

¿Cómo resolver desacuerdos entre la pareja?
En el matrimonio, los desacuerdos son inevitables; la cuestión es cómo manejarlos. Por un lado, les afecta en gran manera a los hijos presenciar las disputas de los padres y, en realidad, se les esta poniendo el modelo que de seguro ellos seguirán cuando se casen. Y por otro, son una fuente de frustración e infelicidad para el matrimonio. Las parejas felices han aprendido que poner en práctica algunos consejos bíblicos les ha ayudado a dialogar sobre sus problemas sin convertirse en ‘enemigos íntimos’ y al mismo tiempo aprovechan los desacuerdos para enseñar a sus hijos como resolverlos civilizadamente.
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¿Saben discutir sus problemas usted y su pareja?
Los dos deben estar dispuestos a hacerlo y la verdad es que no es fácil. Por ejemplo, algunos se han criado en hogares en los que sus padres daban rienda suelta a la ira. En cierto modo, desde temprana edad y en el seno familiar, se les enseñó a creer que los cambios bruscos de humor y los insultos son normales. Posiblemente resulte difícil cambiar un modo de pensar y de relacionarse tan arraigado. Aun con todo, para resolver las discrepancias, es necesario aprender nuevas formas de expresarse. Por insignificante que parezca: la forma de hablarle a la pareja tiene la capacidad tanto de destruir como de reavivar la relación (Proverbios 12:18). Tal vez encuentre útil seguir los siguientes consejos que le ayudaran a enfocarse a resolver los problemas, no a ganar discusiones.

  • No discuta los problemas de la pareja enfrente de los hijos. Recuerde, les esta poniendo el modelo que seguirán cuando ellos se casen.
  • Hay “tiempo de callar y tiempo de hablar”. Cuando dos personas hablan a la vez, ninguna de las dos presta atención a lo que la otra dice y, por consiguiente, no se logra nada (Eclesiastés 3:7).
  • Escuche. Aun si el otro no quiere escuchar, usted puede hacerlo; Sea paciente y “lento en cuanto a ira” (Santiago 1:19). No se tome al pie de la letra cada palabra áspera que su cónyuge le diga (Eclesiastés 7:9). Trate de descubrir los sentimientos que lo motivaron a expresarse de ese modo (Proverbios 19:11).
  • No eche leña al fuego devolviendo insulto por insulto (Romanos 12:17). Aunque parezca que su pareja es quien más ofende al hablar, piense en lo que usted dice durante una disputa. ¿Hieren sus palabras, o curan? ¿Incitan a la cólera, o la aplacan? Las expresiones hirientes, aunque se digan con calma, empeorarán la situación (Proverbios 15:1).
  • Discuta un problema a la vez. Durante la discusión evite traer a la mesa problemas viejos o discusiones anteriores que no ayudaran a resolver el problema presente.
  • Evite los “nuncas” y los “siempres“. Frases como “Nunca me escuchas” o “Siempre haces lo que quieres” raras veces son realistas, no ayudan y solo hacen que la otra persona se ponga a la defensiva.
  • Explique no critique. Dígale a su pareja, calmadamente, cómo le afecta a usted su proceder. Resista el impulso de acusar y criticar. Algunas parejas han comprobado que es más fácil calmar la ira y abordar el asunto que desean tratar si se centran en sus propios sentimientos y no en el comportamiento de su pareja. Por ejemplo, un comentario como “Me siento dolido por lo que dijiste” produce mejores resultados que “Me has herido” o “Parece mentira que me digas eso”.
  • No recurra al sarcasmo, insultos y humillaciones. Respete la dignidad de su pareja. Póngase límites definidos, como el de no decir nunca a su pareja frases como “Te odio”, “No se porque me case contigo” u “Ojalá no me hubiera casado contigo”. Si su pareja emplea estos métodos, no tiene que reaccionar del mismo modo. En lo que dependa de usted, busque la paz (Romanos 12:17, 18; Filipenses 2:14). Cuando exprese sus sentimientos, el tono de la voz no debe ser amargo ni despectivo. La meta debe ser resaltar el problema, no atacar a la pareja.
  • Profundice en el asunto y llegue a la raíz del problema (Proverbios 16:23). Por ejemplo, cuando una mujer se queja de que su marido no pasa tiempo con ella, lo más seguro es que no se trate solo de una cuestión de horas y minutos. Posiblemente el problema sea que se siente abandonada o poco valorada. Así mismo, cuando un hombre protesta porque su mujer ha hecho una compra impulsiva, es probable que no lo haga solo por el dinero, sino porque no ha contado con él para tomar la decisión.
  • Pida disculpas. Una de las lecciones más valiosas que los padres pueden enseñar a sus hijos es cómo decir con humildad “lo siento“. Pida disculpas a su pareja y, de ser necesario, a sus hijos.
  • Tómese un tiempo. Claro esta, es más fácil decirlo que hacerlo. A veces, a pesar de poner todo el empeño, se hacen comentarios hirientes y se caldean los ánimos (Santiago 3:6, 8). A veces es mejor dejar el asunto para más adelante, cuando se hayan calmado los ánimos (Proverbios 17:14).
  • Pida ayuda. Si les resulta difícil hablar sin que la situación se les escape de las manos, quizás sea aconsejable que un amigo maduro se siente con ustedes y los ayude a resolver sus diferencias.