‘Derecho de picaporte’ vs ‘Política de puertas abiertas’

[picapp align=”center” wrap=”false” link=”term=open+door+office&iid=5223993″ src=”9/e/f/2/Two_Businessmen_in_44e4.jpg?adImageId=9980626&imageId=5223993″ width=”477″ height=”358″ /]

Imaginemos, por favor, un cuento que involucra a un par de Funcionarios Públicos de primer nivel. Como es de suponerse ambos tienen importantes responsabilidades y tienen diferentes estilos para abordarlas. Antes de iniciar, es importante aclarar que cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad.

Política de Puertas Abiertas
El primero al que llamaremos Torre, practica lo que él llama ‘política de puertas abiertas’. Así que recibe a todos, en orden de llegada, con la limitación del número de asientos disponibles. Nunca cierra la puerta, ni siquiera a petición del interesado. De esta manera, los que están dentro y fuera de la oficina pueden escuchar la petición del que acude a él, disuadiendo a cualquiera que lleve una petición ilegitima o de honestidad dudosa. En las únicas ocasiones que cierra la puerta es cuando el imaginario Gobernador Rey le pide hacer una negociación con grupos que cuestionan la imparcialidad del Secretario de Gobierno, y aún así, siempre hay dos periodistas que dan fe de las negociaciones.

El interesado, al haber siempre la posibilidad de ser escuchado, es disuadido de compartir rumores, calumnias, o hacer ofrecimientos deshonestos a Torre. No es casualidad que su reputación sea la de una persona honesta.

Derecho de Picaporte
Al otro lo llamaremos Alfil, con él todos tienen que sacar cita y esperar largas horas para ser atendidos. Solo un privilegiado grupo tiene ‘derecho de picaporte’, es decir, de entrar a su oficina sin solicitar audiencia. Todo en su oficina se maneja con secretismo. No es extraño que cuando entra Peón, el ‘chavo de las tortas’ (de los pocos ‘mortales’ con la prerrogativa del ‘picaporte’), el interesado y Alfil se queden callados esperando a que el joven mensajero cierre la puerta tras de sí.

En la oficina de Alfil, no es raro que los rumores circulen. Los ‘conspiracionistas’ y ‘analistas de lo que solo se lee entre lineas’ abundan en su staff de colaboradores.

Como te podrás imaginar, Alfil tiene la fama de que con él ‘todo se puede’.

¿Qué estilo prefieres? Como ciudadano honesto, ¿con quién preferirías tratar?

La verdad, es que estos funcionarios no son tan imaginarios. Alfiles hay varios en todos los estados de la república. Solo espero que también haya, por lo menos un Torre en cada gabinete, aunque sea en el segundo o tercer nivel de las administraciones de los estados.

Al final del cuento, Torre ya no es funcionario público ahora es dirigente de un partido político. Pero sigue siendo un hombre honesto, o por lo menos tiene fama de serlo. ¿Alfil? Ah! ¡Alfil! Ya se destapó, quiere ser gobernador, y es muy probable que llegue a serlo. Si eso sucede Peón volverá a ir por las tortas.

¡Caray! ¡Hay cosas en este país, el tablero de ajedrez, que nunca cambian!

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