El síndrome del falso demócrata

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No sé porque recordé (en realidad si sé pero no viene al caso), a una compañera de trabajo y vecina de cubículo, panista ‘de hueso colorado’ (¿o debiera decir ‘de hueso azul’?) que se enorgullecía de autoproclamarse demócrata. Le escuche interesantes monólogos sobre las elecciones de 2006: los ‘peligros’ que representaba AMLO y la manera ‘cobarde’ como negó a contestar las preguntas de Brozo, las ‘atinadas’ decisiones de Fox al nombrar a Guillermo Ortiz en el Banco de México, que según yo recordaba lo había nombrado Zedillo pero ella lo decía con tal convicción que resultaba inútil convencerla de lo contrario.

Cuando le externé mi trillada hipótesis de los dos Méxicos, el del norte y el del sur, y de que el país estaba dividido y que existía una posibilidad importante de que el Peje ganara las elecciones, me dijo que estaba ‘estúpido del cerebro’ (cosa que pudo haber descubierto sin necesidad de escucharme hablar sobre este tema), me tachó de ‘pejista’ e ‘intolerante’, me dijo que era pertenecía a la ‘lacra izquierdista y comunista’, y otros adjetivos que estaban de moda.

La verdad es que no apoye al Peje ni al FCHaparrito, simple y sencillamente apuntaba a una realidad que resultaba evidente, el país estaba, y tal vez sigue estando, polarizado. No voy a negar que haber militado activamente y haber realizado análisis político en mi temprana juventud me dejó el gusto de debatir ideas. Pero me gusta debatir no para ganar y menos para humillar, lo hago para comprender y para aprender.

Un día decidí dejar de conversar con ella sobre el tema, porque comprendí que lo único que iba a aprender de ella era a monologar, a descalificar y a decir ‘we…’ al final de cada frase. Lo entendí un día que nos estábamos poniendo de acuerdo sobre el lugar a donde el equipo de trabajo iríamos a comer. Ella nos dijo “soy demócrata por convicción, a donde elija la mayoría”, al final de la encarnizada votación (no fue encarnizada pero le da dramatismo a la narración, jejeje), nos dice “yo no voy a ir, porque ese lugar no me gusta”. A eso, mi querido blogtor lo llame el síndrome del ‘falso demócrata’.

Conozco a otro panista, que participó activamente en la ‘resistencia civil’ en la época del ‘fraude electoral’ de Francisco Barrio, otro demócrata que luchaba por ‘el cambio’, de mis conocidos es la persona que mas fomenta la corrupción: lleva años sin tener licencia de conducir, en su cartera siempre tiene ‘lista la mordida’ para el agente de transito, conduce un auto ‘chocolate’, entre otras prácticas que promueven la corrupción. La doble moral es así, es más fácil exigir virtudes, valores y principios en los demás que llevarlos a la práctica en la vida personal cotidiana. Esto también es parte del comportamiento del que padece el síndrome del ‘falso demócrata’.

A estas alturas, ya te habrás percatado que yo tengo el síndrome de ‘inventar síndromes’, y que con frecuencia abuso del término ‘autoexamen’. Pero vale la pena, hacer un alto en el camino, tal vez al final del mes, y autoexplorarnos como medida de prevención para ver si no presentamos indicios de este síndrome.

Saludos, nos leemos en Twitter.

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