La actitud refleja el liderazgo

[picapp align=”center” wrap=”false” link=”term=bad+attitude&iid=269471″ src=”0266/61e2832e-608d-4874-8e67-788d9904058a.jpg?adImageId=7804254&imageId=269471″ width=”500″ height=”333″ /]
Por alguna razón que no termino de entender, siempre buscamos la manera de responsabilizar a otros de nuestros errores y deficiencias. Tal vez sea por comodidad, cobardía o una mezcla de ambas. “Mis hijos son unos rebeldes”, “Mi esposa es una amargada”, “Mis empleados son unos apáticos”. Por la misma misteriosa razón nos excluimos a nosotros mismos de la ecuación. “Todos están mal menos yo”. A este razonamiento le llamó el síndrome de “Ninel Conde”: Todos se dan cuenta que canta horrible menos ella.

En la empresa en la que trabajo soy desafortunadamente conocido por mis metáforas y frases simplistas sobre el maravilloso e ideal mundo de los equipos perfectos y los lideres visionarios y carismáticos. Lo peor del caso es que creo firmemente en toda la sarta de ‘elevados conceptos’ de los que hablo y escribo. Lo creo porque los he vivido, he experimentado la adictiva sensación de formar parte de un equipo ganador. He vivido la mística de equipo. Logramos metas que se consideraban imposibles: reducir el tiempo de implementación de cambios de ingeniería a la mitad del tiempo; cerrar el año ‘tablas’ en una planta de manufactura que históricamente perdía millones; conseguimos automatizar actividades de ingeniería que tomaban 30 horas de análisis y arduo trabajo al simple ejercicio de oprimir “Enter”, ir por un café y pasar a la impresora por el reporte. Y lo logro el mismo equipo que un año antes era cuestionado por su desempeño. Fue una experiencia profesional muy gratificante para todos los que fuimos parte de ese equipo, y todavía lo recordamos con emoción. Los resultados logrados nos abrieron nuevas puertas a la mayoría y lo que nos permitió emigrar a ‘pastos más verdes’. Desde entonces he tratado de replicar en mis propios equipos aquellas prácticas exitosas, con bastante éxito.

Una de esas practicas exitosas es muy simple “nadie es mas importante que el equipo pero todos son parte del equipo”. Nadie puede evadirse de la acción y reacción colectiva, mucho menos el líder en activo. El reto aquí es conseguir el mismo nivel de compromiso con la tarea por parte de cada uno de los miembros del equipo. En la acción y reacción del equipo intervienen las relacionadas a la actitud. Un equipo altamente motivado se corresponde a un líder altamente motivador. Dicho en perfecto mexicano: una actitud jodida es consecuencia de un liderazgo jodido.

Tampoco se trata de cargar con todas las culpas del mundo. Pero si es importante reconocernos como parte activa de la ecuación de la actitud. Estoy consciente que esto no significa la invención del hilo negro o del agua hervida. Pero si es un buen punto de partida para el autoexamen y la reflexión. La próxima vez que detectes problemas de actitud en las personas en las que influyes como líder -tu pareja, hijos, empleados- pregúntate si la causa de esa actitud eres tú. Siempre será mejor que lo descubras y corrijas por ti mismo, a que tu equipo te lo hagan ver.

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