¡No seas la vaca de los 40 litros!

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En los equipos que me ha tocado dirigir, invariablemente les cuento la historia de “la vaca de los 40 litros”, misma que escuche en mi adolescencia en las ‘sesiones de enseñanza privada’ que recibía de dos de los mentores que mas han influido en mi filosofía de trabajo: el Arqui Gustavo Torres Blanco y el Contador Alberto Romero Brito.

La historia la cuento mas o menos así:
“¿Quién de ustedes conoce algo de ordeñar vacas? ¿Saben cuanta leche es lo que da una vaca por ordeña?” Esta pregunta es muy oportuna porque mucha de la gente que trabaja en las maquilas viene de alguna zona rural y con esta pregunta logro que se interesen en lo que les voy a contar.
“Una vaca da un promedio de 20 litros diarios, pero esta vaca daba 40 litros por ordeña, el doble de las demás. Era una vaca fuera de serie.” La verdad es que yo se un carajo de vacas, pero tengo entendido que el dato es cierto o por lo menos es lo que me hicieron hecho creer.
“Pero cuando esta supervaca daba el litro de leche numero 40, ¿qué creen que pasaba?” Esta parte es sumamente divertida. He escuchado cada respuesta! Voló, llegaron los aliens, habló, llegó el toro, la lista es enorme.
“Pues, ¡la vaca defecaba sobre la leche! ¡Imagínense! De nada servía que fuera una vaca extraordinaria, que hiciera lo que ninguna otra vaca hacia, porque en el momento final llenaba de suciedad el fruto de su extraordinario trabajo. Créanme, el grajero se acordaba mas del pedazo de estiércol que de los 40 litros de leche. ¡No sean la vaca de los 40 litros!

La cuento a los integrantes de mis equipos para que con unas cuantas frases nos recordemos la importancia del trabajo bien hecho, de ‘cerrar duro’, de cuidar los detalles finales, hasta finalmente poder poner la ‘cereza en el pastel’. Es común en mis equipos que nos digamos con frecuencia: “¡No seas la vaca de los 40 litros!”, “Acuérdate de la vaca de los 40 litros”, o comentarios por el estilo.

Así las cosas. Un día uno de ellos, Gabriel, renunció para migrar a EU. Yo ya me había despedido de él pero en su entrevista de salida le pidió a la Gerente de Recursos Humanos hablar conmigo. Cuando entre a la oficina de mi amiga, la Lic. García, estaba Gabriel sentado con su discurso preparado y me dijo algo así como “te agradezco mucho tus enseñanzas, nunca se me va a olvidar tu historia de la chiva de los 20 kilos!!!!!!!” Lo único que pude decirle fue “Gabriel, que Dios te perdone! Eres un caso perdido”. Ese es un momento que recuerdo y cuento todavía con carcajadas. Hoy me sugirieron que valía la pena subirlo al blog, y creo que tienen razón.

Después les cuento la “historia distorsionada del keniano”, esa también es buenísima.

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